Historia de la Avenida de Mayo - Ciudad de Buenos Aires

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La avenida tuvo desde su inauguración 30 metros de ancho, compuesto por veredas de 6,5 metros y calzada de 17 metros. La altura de los edificios se fijó entre 20 y 24 metros, sin contar los techos de mansarda. Hoy día puede verse fácilmente que esta disposición ya no se cumple.

Copiando las ideas de París, tenía en algunas esquinas sótanos en donde se guardaban los instrumentos de limpieza; y a ambos lados sendos túneles que aún existen —pero arruinados y sin uso— a un metro y medio por debajo de la línea de edificación, que transportaban las cañerías de agua corriente, gas y cables. Corrían en forma paralela a las fachadas, midiendo 2,30 por 1,23 metros en el interior abovedado, pasando por debajo de ellos la cañería de desagüe pluvial: todo esto dejaba un área libre entre la estructura y los cimientos de los edificios, que quedó para el propietario y que aún hoy muchos la siguen utilizando. Los túneles, que podrían utilizarse para lo que fueron pensados (un sistema que haría menos caro el costo de los arreglos en algún servicio), han sido sin embargo sistemáticamente destruidos.

Desde 1893 hasta 1923 funcionaron, imitando a Londres, mingitorios debajo de la avenida, en las esquinas y al centro de la calzada.

A pesar de que ya se sabía que los árboles plátanos (platanus acerifolia) provocaban serias alergias en las personas, estos fueron plantados en todo su recorrido, y aún son la especie predominante. Seeber consideró que eran los más adecuados y llamaba preocupación vulgar al problema de salud mencionado.

Para la iluminación se utilizaron lámparas a gas sobre columnas de bronce que se completaban con alumbrado eléctrico instalado en cada cuadra sobre tres refugios ovalados colocados sobre el centro de la calzada.

Sin embargo, los refugios duraron muy poco, pues fueron un estorbo para los coches, con lo cual las columnas de luz eléctrica fueron trasladadas al borde de la acera.

En cuanto al adoquinado se adoptó el de madera que se utilizaba en París y Londres. El procedimiento para su colocación consistía en crear primeramente una base de argamasa compuesta de cemento Portland, arena gruesa y pedregullo a la que se le colocaba un pavimento formado por abetos, cubierto por otra capa de pedregullo. Se discutió que no era el más apto para el suelo de Buenos Aires. La primera madera utilizada fue la pinotea y duró solo dos años. En 1895 se ensayó con algarrobo, para el cordón, granito de Tandil y para las veredas, baldosas nacionales. El lavado de la calzada se realizaba mediante mangas de riego.

Existía un problema de importancia estética: la calle San José, que atraviesa la avenida cerca de su tramo final, había sido el antiguo cauce del pequeño arroyo llamado Zanjón de Granados. En consecuencia la avenida presenta hasta el día de hoy un pronunciado declive allí impidiendo visualizar su imponente perspectiva en su totalidad. En 1894 se pretendió elevarla en 1,8 m en esa zona, pero la idea se desechó por muy onerosa.

La construcción de los primeros edificios de corte academicista fueron un testimonio elocuente de la influencia de la arquitectura francesa y hermosearon y modernizaron el entorno de la avenida. Gracias a las nuevas técnicas que utilizaban el hormigón armado y las vigas de hierro las construcciones eran más altas y macizas; y cambiaron de modo decisivo la apariencia del antiguo centro de la ciudad.

En París la estricta regularidad de sus calles siguiendo el estilo hausmmaniano, con construcciones estándar y simétricas, terminó aburriendo a sus ciudadanos y pasó rápidamente de moda obligando en 1882 a modificar las normas de edificación. Pero en la Avenida de Mayo varios de aquellos preceptos se perdieron en parte por influencia de la propiedad en manos de particulares y de los arquitectos que proyectaron obras con reglas más flexibles, lo que convirtió a la arteria en un mosaico de estilos, pero manteniendo algunos lineamientos, como por ejemplo la continuidad de los balcones, lo que permitió una expresión menos rigurosa.

Aunque se dispusieron normas para uniformar las características de los edificios, la fragmentación de los terrenos ayudó a la aparición de casos singulares. Un ejemplo de cómo la diversidad de las construcciones no impidió una realización coherente del conjunto puede aún hoy observarse en la acera norte del primer tramo de la avenida: allí se levantan el Palacio de Gobierno, construido entre 1891 y 1902 en base a un proyecto del arquitecto Buschiazzo, de impronta itálica y mansarda afrancesada, el suntuoso edificio que ocupaba el diario, La Prensa de estilo neobarroco realizado por Charles Garnier, hoy Casa de la Cultura, y lo que fue la sucursal de la Tienda Gath y Chaves, cuya cúpula remite al academicismo, pero el resto de su fachada fue tendiendo a una oposición al mismo, con mucho uso del vidrio y ornamentos aplicados, en gran parte ya desaparecidos.

A esta ecléctica producción se le añadiría entre fines del siglo XIX y principios del XX la vertiente art nouveau, que sin embargo no destruyó la armonía del conjunto. Así, las figuras oníricas, las sirenas, los ángeles, las flores, los firuletes de hierro y de mampostería; se esparcieron por los balcones, las fachadas, los portones, los techos de pizarra y las cúpulas suntuosas, como en París o como en Barcelona y Madrid; mezclados con elementos de los estilos Luis XIII y Luis XV y ornamentación de carácter italiano incluidas por algunos arquitectos.

El nuevo estilo, con el cual las elites porteñas buscaban parecerse a París, proliferó en edificios como el centro comercial La Ciudad de Londres, la Asociación Patriótica Española, la Sociedad Fotográfica, el Teatro de Mayo, el Hotel Frascati, el Gran Hotel España —creado en 1897—, The Windsor, el Imperial, el Metropole —del arquitecto Augusto Plou, inaugurado en 1899—, la talabartería Mataldi, el café Tortoni, la confitería Gaulois, el Hotel Chile etc. Muchos de ellos concebidos por uno de los sacerdotes del art nouveau en la ciudad, el arquitecto Alejandro Christophersen.

El proyecto de la arteria contemplaba que esta cortara la Plaza Lorea, pero los vecinos a la misma se opusieron, pues deseaban que se conservara un depósito de agua que abastecía a la ciudad y alrededor del cual paraban las carretas, además de existir un bebedero donde se vendía agua. En 1893 Pidieron que se construyera un "rond-point", en cuyo centro se mantuviera el jardín que rodeaba el tanque de agua. Esta solicitud fue respetada hasta 1910 en que el depósito dejó de tener utilidad para la ciudad y se lo eliminó.

En 1909 el Congreso de la Nación se trasladó a la imponente estructura que se levanta sobre la magnífica Plaza de los Dos Congresos, hacia el extremo oeste de la avenida, lo que sirvió para equilibrar artísticamente a la Plaza de Mayo, lugar frente al cual el Congreso tuvo su sede.

Avenida de Mayo

Edificios en la Avenida de Mayo

Cafés en la Avenida de Mayo

Atractivos en la Avenida de Mayo

Calles de la Ciudad de Buenos Aires


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