Situado a 180 kilómetros de la ciudad de Salta es el más antiguo complejo turístico termal de Sudamérica, fue construido en 1880. Abarca un predio de 800 hectáreas donde se encuentra mucho más que aguas con propiedades medicinales. Un bosque de exuberante vegetación rodea el casco central y las instalaciones deportivas, y a sólo 500 metros, los visitantes pueden acceder a la laguna del club de caza y pesca.
Las aguas termales son un fuerte atractivo para el turismo-salud por los distintos tipos de aguas termales que surgen en la zona. Para aprovechar sus virtudes, el complejo cuenta con dos piletas construidas con lava volcánica, un material refractario que impide el recalentamiento de la superficie por la que caminan los bañistas. Una de las piletas es de uso exclusivo para quienes se hospedan en el lugar, mientras que la otra está destinada al uso del público que concurre durante el día.
Se accede a nueve variedades de aguas termales que llegan a alcanzar 99 grados centígrados de temperatura, pero que gracias a un sistema de transvase de fuentes, se logra que éstas no superen los 34 grados. Las aguas son aconsejadas para personas mayores como complemento de tratamientos médicos de reuma, enfermedades biliares y digestivas, estrés y arteriosclerosis entre otras; pero también son recomendables para todas las edades y es por eso que frecuentemente en las piletas se observan niños y hasta bebés. En 1880, Antonio Palau, médico español radicado en Tucumán, comenzó la construcción de la casona que originaría el hotel, que se extendió a lo largo de cincuenta años, finalizando en abril de 1928.
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